Por estos días, Orlando Bloom no solo carga con la etiqueta de “ex de Katy Perry” tras una ruptura que cerró casi una década de relación. También lleva sobre sus hombros —y en su cuerpo mucho más ligero— la huella de un reto físico y mental que lo dejó 14 kilos por debajo de su peso habitual, todo para interpretar a un boxeador que busca redención en “The Cut”, la película de Sean Ellis que llega a los cines el 5 de septiembre.

El actor británico, de 48 años, ya había demostrado su compromiso con papeles exigentes, pero esta vez cruzó una línea que lo acerca al mítico Christian Bale y a otros intérpretes dispuestos a moldear su cuerpo como arcilla para la pantalla. En conversación con “People”, Bloom confesó que la parte más dura no fue la dieta estricta ni los entrenamientos intensos, sino el desgaste mental: “La paranoia y la ansiedad causadas por la falta de sueño eran muy reales. ¡Resulta que no se puede dormir con hambre!”, relató con ironía.

La dieta incluía algo más que un menú monótono de atún y pepino: también una restricción drástica de agua antes de las escenas clave. “Llegó un punto en que solo pensaba en comida, soñaba con lo que comería al terminar”, admitió. Todo, bajo el control del nutricionista Phillip Goglia, quien monitorizó semanalmente su salud y análisis de sangre para evitar daños irreversibles. “No es algo que se pueda intentar en casa”, advirtió el protagonista de “Piratas del Caribe” y “El señor de los anillos”.

El rodaje coincidió con un verano agitado en su vida personal. Tras la confirmación de su separación de Perry —con quien tiene una hija de cinco años—, Bloom apareció en eventos como la mediática boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez en Venecia. Entre compromisos sociales, el actor incluso compartió en redes un procedimiento para “eliminar microplásticos” de su organismo, un tratamiento de dudosa base científica que él abordó con entusiasmo.

Pero más allá de la anécdota, Bloom asegura que “The Cut” es una metáfora: “Es una historia sobre las batallas internas que todos enfrentamos y lo que se necesita para luchar contra nuestros demonios y encontrar la autoaceptación”. Una declaración que, después de tres meses de hambre, disciplina y sudor, suena menos a promoción de película y más a confesión personal.
