Al frente de Almamía se encuentra David Hernández Aguilar, chef con tres décadas de trayectoria que ha representado a México en competencias internacionales como el Bocuse d’Or. Formado junto a maestros como Vicente Etchegaray, Hernández fusiona la técnica francesa con la profundidad de los sabores mexicanos, creando una propuesta donde cada platillo respeta el ingrediente, mientras equilibra lo clásico y lo contemporáneo, donde cada bocado reconforta de manera intima.







Sabores que apelan al anhelo
La carta se construye como un homenaje a la memoria emocional. La tostada de kampachi con paté de pescado y salsa macha convive con el chicharrón de cecina sobre guacamole y ceniza de hoja de aguacate. Entre los platos destacados emergen las mollejas de res sobre estofado de lentejas, el caldo de piedra inspirado en San Felipe Usila, y los ravioles de conejo y morillas en salsa de vino tinto. Cada creación busca evocar lo familiar desde lo sorprendente.




El mole como lenguaje emocional
El mole ocupa un lugar central en esta narrativa gastronómica. El risotto al queso de cabra con callos St. Jacques y mole negro demuestra cómo los sabores de mar y tierra pueden encontrarse en perfecto equilibrio. El tradicional mole oaxaqueño acompaña vegetales y carnes seleccionadas, reinterpretando un clásico desde el respeto y la creatividad. Incluso, los postres mantienen este diálogo memorable, como el tiramisú de café de olla con cocol de anís.






El espacio que abraza los sentidos
La casona de Álvaro Obregón, transformada por Kalach, se convierte en cómplice de esta experiencia. El diseño dialoga con la propuesta gastronómica creando una atmósfera íntima donde cada detalle invita a la contemplación. Almamía se plantea como ese nuevo ritual para quienes buscan no solo comer, sino conectar con historias que se cocinan a fuego lento entre tradición y emoción, sutileza y descubrimiento.




En un mundo donde la gastronomía a menudo privilegia la novedad, Almamía ofrece un recordatorio: los sabores más memorables son aquellos que conversan con nuestro pasado mientras sorprenden a nuestro presente.