En el universo de los placeres sofisticados, hay encuentros que no solo se disfrutan, sino que se recuerdan. Y uno de esos tuvo lugar recientemente en Polanco, cuando Ashers, Bottles and Brothers y el restaurante Testal conjugaron su expertise en una experiencia sensorial que celebró el buen gusto, la tradición y la elegancia. Fue una noche pensada no para impresionar, sino para deleitar; un homenaje a los rituales bien vividos, donde el maridaje dejó de ser un acto técnico para convertirse en arte puro.


Una conversación entre humo, barricas y memoria
El protagonista de la noche fue el Romeo y Julieta Wide Churchills, un Habano de vitola generosa que impone presencia desde el primer instante. Su carácter floral, con notas de frutos secos y matices de cuero, fue el punto de partida para un viaje donde cada bocanada se entrelazó con tres etiquetas extraordinarias de The GlenAllachie, seleccionadas cuidadosamente por los expertos de Bottles and Brothers.


El primer encuentro fue con el The GlenAllachie 12 Years Old, un whisky robusto, con presencia de especias dulces, café tostado y manzanas jugosas. Un destilado que abrazó la dulzura terrosa del habano, elevando sus matices más íntimos. Después, el The GlenAllachie 15 Years Old ofreció una experiencia aún más envolvente: notas de canela, caramelo de vainilla y chocolate amargo en una danza cálida y sofisticada con el tabaco. La cúspide llegó con The GlenAllachie Vintage Cuvée Wine Cask Finish, una joya compleja y elegante, afinada en barricas de vino europeo. Sus capas de fruta madura y roble tostado sellaron la armonía con un final largo y memorable.


México en el plato, el mundo en el paladar
La experiencia no solo sucedió en las copas o entre bocanadas. El chef Víctor Terán, de Testal, orquestó un menú que rindió homenaje al habano y al whisky desde la riqueza de la cocina mexicana. La cena arrancó con una ensalada de alcachofas en tres texturas, acompañada de pechuga de pato tibia y vinagreta de granada: fresca, sutil, con una complejidad que preparó el terreno. Siguió una tlayuda con asiento de frijol negro, quesillo y aguacate con polvo de chapulín, un bocado que sorprendió por su rusticidad elegante, entre notas salinas, ahumadas y cremosas. El plato fuerte fue un filete de lubina a la talla con espárragos y zanahorias a la parrilla, que logró un balance perfecto entre la potencia del maridaje y la suavidad del pescado.


Y como broche de oro, un desfile de pequeñas delicias dulces: gaznate con mousse de chongos, empanaditas de ate con queso y fresas rellenas de licor de Sambuca. Cada una pensada para acompañar los últimos acordes del habano y el whisky con elegancia provocadora.

Un lujo que sabe a legado – Ashers, Bottles and Brothers y Testal
Esta velada no fue simplemente una cata, ni una cena maridaje tradicional. Fue una celebración del saber hacer, de la dedicación detrás de cada etiqueta, cada platillo y cada hoja de tabaco seleccionada. Fue también una oportunidad para conectar con una comunidad que valora el lujo auténtico: ese que se vive sin prisas, con atención al detalle y un profundo respeto por la tradición. Ashers, con más de tres décadas liderando la cultura del Habano en México, reafirma su papel como embajador del buen vivir. Bottles and Brothers trae el alma del whisky a nuestra mesa con pasión y conocimiento. Y Testal, con su mirada contemporánea de la cocina mexicana, demostró por qué la identidad nacional es también una forma de sofisticación.


Porque el verdadero lujo es sentir
En un mundo donde lo efímero domina, hay experiencias que nos invitan a detenernos. A observar, a probar, a sentir. Esta noche en Polanco fue exactamente eso: una invitación a reconectar con los sentidos, con la conversación lenta, con el placer de compartir. Quizá no todos los días sean para habanos y whisky escocés, pero definitivamente hay días que lo merecen.