Hay viajes que empiezan a tomar forma al elegir dónde dormir y dónde cenar. En Bal Harbour, al norte de Miami Beach, esas dos decisiones dejan espacio para una mañana de playa, una tarde de compras y una sobremesa que se alarga. Su atractivo está en reunir placeres muy distintos dentro de una misma escapada, con suficientes motivos para dedicarle varios días.




El mar, desde la primera mañana
En The St. Regis Bal Harbour Resort, las habitaciones y suites cuentan con balcones privados y vistas directas al océano. Entre sus albercas, el spa y la playa, es fácil imaginar una mañana reservada para disfrutar el hotel. Un libro pendiente y algo frío de beber completan el plan.





The Ritz-Carlton Bal Harbour, Miami también forma parte de la oferta de lujo del destino, con terrazas privadas y una colección de arte que incluye pintura, fotografía y escultura. Elegir dónde hospedarse merece tanta atención como decidir qué visitar.
Una tarde entre jardines y escaparates
Desde 1965, Bal Harbour Shops ha hecho del shopping al aire libre parte de su identidad. La vegetación tropical acompaña un recorrido por boutiques de moda y joyería, donde los escaparates conviven con los jardines. También hay libros, objetos de diseño y detalles para llevar a casa. Conviene dejarle tiempo a la visita: entre descubrir una colección, probarse una pieza y detenerse a tomar un café, la tarde puede encontrar su propio ritmo.







Del primer café a la sobremesa
Avenue 31 Café tiene ese espíritu europeo que invita a sentarse desde temprano: croissants, café y una terraza para empezar el día, además de cocina italiana para la comida y la cena. Dentro de Bal Harbour Shops, el recorrido gastronómico continúa en Carpaccio, con clásicos italianos como sus carpaccios y pizza, o en Makoto, donde el chef Makoto Okuwa combina sushi con preparaciones a la parrilla robata. La elección puede depender, sencillamente, del antojo.







Dos aperturas para hacer una nueva reserva
Entre las incorporaciones recientes está China Grill, que regresa a Miami con una sede en Bal Harbour Shops. Su propuesta conserva los platos para compartir, una buena excusa para pedir varias opciones y dejar que la conversación acompañe lo que llega de la cocina.




Slim’s lleva la noche hacia el Hollywood clásico, con una decoración que remite a los años treinta. Este steakhouse reúne cortes, martinis servidos junto a la mesa y pastel de coco: detalles que hacen pensar en una cena para arreglarse y quedarse un rato más.


Al organizar la escapada, vale la pena dejar un hueco entre las compras y la reserva de la noche. Volver al mar, pasar por la habitación o regresar a esa terraza que llamó la atención también puede ser parte del viaje. En Bal Harbour hay razones para querer salir y otras tantas para prolongar cada parada.