El cineasta mexicano Guillermo del Toro vuelve a hacer magia. Con su nueva adaptación de “Frankenstein”, disponible desde el 7 de noviembre en Netflix, el director de “El laberinto del fauno” y “La forma del agua” demuestra que el terror puede tener ternura, alma y poesía. En esta versión del clásico de Mary Shelley, Del Toro rescata el corazón trágico de la criatura y lo convierte en un símbolo de empatía, dolor y redención.
Filmada con una estética gótica impecable y una dirección artística que ya está dando de qué hablar, la cinta es considerada una de las obras más personales del director tapatío. Aquí te dejamos cinco curiosidades que revelan los secretos detrás de este monstruo tan humano.
Un proyecto que sobrevivió al colapso del Dark Universe
Antes de llegar a Netflix, “Frankenstein” nació dentro del fallido Dark Universe de Universal, que pretendía conectar a los monstruos clásicos del estudio. En un inicio, Javier Bardem y Doug Jones (colaborador habitual de Del Toro) fueron considerados para interpretar al monstruo.
Tras la cancelación del proyecto, Del Toro recuperó la historia y la reescribió desde cero, transformándola en una obra independiente y profundamente emocional. “Íbamos a hacer una criatura frágil, lírica… pero todo se cayó cuando Universal cambió de planes”, confesó Doug Jones a IndieWire.
Andrew Garfield fue el monstruo…
Durante la preproducción, Andrew Garfield fue elegido para encarnar a la criatura, y el equipo de maquillaje desarrolló un diseño que tomó nueve meses de trabajo.
Semanas antes del rodaje, Garfield abandonó por conflictos de agenda y Jacob Elordi tomó el papel. “Nos tomó meses construir a una criatura y días destruirla para empezar de nuevo”, dijo el equipo de FX. Del Toro incluso reescribió el personaje para adaptarlo al cuerpo y la energía del australiano.
Sin CGI ni IA
Fiel a su estilo, Del Toro rechazó los efectos digitales. Todo —desde el laboratorio hasta la mansión del doctor— fue construido a mano.
“No quería que pareciera teatro. Quiero que la audiencia huela el polvo del laboratorio”, explicó el cineasta a Netflix Tudum.
El resultado es una película con una textura tangible y orgánica, alejada de las producciones digitales convencionales.
Jacob Elordi entrenó danza butoh
Para dotar de cuerpo y alma a la criatura, Elordi estudió butoh, una danza japonesa que explora el dolor y la rigidez corporal, y también practicó canto de garganta mongol y tibetano.
“Quería que hablara como si su garganta nunca hubiera sido usada para comunicarse”, dijo Del Toro a Rolling Stone.
El resultado es un monstruo con una presencia ritual, casi sagrada, que combina brutalidad y fragilidad.
Más de 40 prótesis diarias y cero efectos digitales
Elordi pasaba entre 5 y 7 horas diarias en maquillaje, con más de 40 piezas prostéticas diseñadas a mano: placas craneales, suturas móviles y piel falsa.
“Era sofocante, pero eso me metía directamente en el personaje”, contó el actor a E! News. Todo lo que se ve en pantalla —cada herida, cada textura— es completamente real.




