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Japón con un Twist. Sé parte de lo que está pasando en Ichikani Artz Pedregal

por: José Lucas

Desde el primer paso que das dentro de Ichikani Artz Pedregal, algo se transforma. El bullicio del centro comercial queda atrás y te sumerges en una atmósfera distinta.

El saludo unísono del personal —irasshaimase— no es sólo una bienvenida en japonés, es el punto de partida de una experiencia sensorial que combina lo mejor de la tradición nipona con una vibra contemporánea, relajada y absolutamente deliciosa.

Aquí, cada detalle cuenta. Desde el carbón encendido para calentar el alga nori que envuelve los hand rolls —crujiente y casi ceremonial— hasta la manera en que el staff te guía bocado a bocado, como si fueras parte de un ritual secreto que merece ser compartido. Porque en Ichikani, comer no sólo es satisfacer el hambre, es celebrar el momento.

Más que un menú, un tesoro muy valioso

Probamos una selección de su carta, y decir que fue memorable se queda corto. El Sashimi Hamachi Serrano es una oda al equilibrio: el cítrico del yuzu kosho se funde con el picor del serrano y el frescor del cilantro, mientras pequeñas perlas de tapioca de yuzu explotan en la boca como diminutos fuegos artificiales.

Luego llegó la imponente Ichikani Tower, una construcción de salmón, atún, arroz, kani mix, tobiko, aguacate y mayo wasabi, todo coronado con una lluvia de cebolla crispy y bañado en la adictiva salsa ku. Una torre, sí, pero de placer.

Las brochetas de pork belly, marinadas durante 48 horas, son un testimonio de paciencia y respeto por el ingrediente.

Y si lo tuyo son los hand rolls, este es tu templo. Probamos el Magic Mushroom con hongos maitake y aceite de trufa —terroso, profundo, casi místico—; el Hamachi Crunch, que juega con texturas como un chef con alma de DJ, y el Dynamite Crab, explosivo en sabor, con aguacate, kani mix, kani crunch y mayo spicy.

Los clásicos también tienen su lugar, pero con el sello Ichikani. El Miami Roll combina atún con aceite de trufa y un toque cítrico de ponzu que evoca tardes soleadas junto al mar.

Las gyozas de pato, acompañadas de pepino y salsa de ciruela, son un bocado elegante y sorprendente.

Y los postres, ¡ay, los postres! El Lotus Ice Cream Cake y la Torre de 6 Leches de Chocolate son puro hedonismo.

La mixología también destaca. El Violet Gin, con licor de grosella y jarabe de piña y limón, es floral y refrescante. El Amaterusu, mezcla de mezcal, jamaica y cítricos, te sacude con su intensidad tropical.

Pero más allá de los sabores, Ichikani es una idea. Una visión de dos jóvenes emprendedores respaldados por Grupo Costeño, quienes con casi dos décadas en la industria han decidido que la alta cocina también puede ser relajada, informal y cálida.

Que el sushi se puede comer como un taco, en dos o tres bocados, y que vale la pena explicar cada ingrediente porque cada uno tiene algo que decir. Si buscas una experiencia culinaria que te sorprenda, te apapache y te deje con ganas de volver, Ichikani es tu siguiente parada.

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