En 2022, Lorde volvió a los escenarios con una energía renovada. Promocionaba Solar Power, su tercer álbum de estudio, con una serenidad y soltura que no había sentido nunca. Gracias a tratamientos psicoterapéuticos con MDMA y psilocibina, la artista neozelandesa había logrado controlar su miedo escénico, forjando nuevas conexiones con su música y con su público. Desde el exterior, todo parecía fluir. Sin embargo, dentro de ella, una batalla silenciosa estaba en pleno auge: luchaba contra un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que la consumía física, emocional y creativamente.

“Nunca me había sentido tan desconectada de mi creatividad”, confesó Lorde —cuyo nombre real es Ella Marija Lani Yelich-O’Connor— en una reciente entrevista con Jack Saunders para BBC Radio 1. “Lo único que pensaba era en intentar pesar lo menos posible”.

La artista de 28 años hablaba, por primera vez, de una obsesión que se apoderó de su vida durante la pandemia: contar calorías, evitar comer antes de salir en televisión, y exigirse figuras imposibles, todo en nombre de una belleza que, entendida desde la restricción, la alejaba de sí misma. “Me acostaba pensando en comida, me despertaba pensando en comida y ejercicio. Esa era mi única búsqueda creativa en ese momento”, relató.

El precio de la perfección
Aunque Solar Power celebraba una vida más simple y conectada con la naturaleza, Lorde vivía una realidad contraria. A pesar de estar en uno de los mejores momentos de su carrera, la disonancia entre su éxito profesional y su autoexigencia estética era brutal. En otra entrevista con Rolling Stone recordó un evento de prensa donde, por querer lucir un abdomen plano, decidió no comer antes de salir al aire: “Fue como si me hubieran quitado la energía vital o algo así”.

Su entorno no percibía un deterioro visible, lo que hacía más difícil identificar la gravedad del problema. “No sé cómo pueden ser ciertas esas dos cosas. Que estoy viviendo esta increíble y enriquecedora experiencia de tocar en los conciertos y conocer a estos chicos, y también ver las fotos después y sentir una profunda repugnancia al ver mi hermosa y diminuta barriguita”.

Tras la ruptura con su pareja de toda la vida, el ejecutivo musical Justin Warren, en 2023, Lorde tocó fondo. Reconoció que su obsesión por la delgadez estaba drenando su creatividad. “Pensé: ‘Tengo que dejar de hacer esto, porque está bloqueando todo mi talento artístico’. Una vez que eso desapareció, todo empezó a volver”.

Así comenzó lo que ella llama “el lodo”: un proceso de sanación lento, confuso y, muchas veces, doloroso pero necesario. En ese barro fértil, Lorde reencontró su voz, su poder y su música. El resultado es Virgin, su cuarto álbum de estudio, lanzado el pasado 27 de junio, en el que se atreve a explorar su mundo interior con una honestidad radical.

Virgin: arte, género y reconstrucción
El mismo día del estreno de Virgin, Lorde ofreció un set sorpresa en el festival de Glastonbury. Fue su primera vez sola en un escenario de esa magnitud desde hace años, y el esfuerzo la dejó “hecha polvo”. Pero fue también una reafirmación de su regreso: no solo a la música, sino a sí misma.

En Virgin, la artista va más allá de la imagen corporal. Aborda su relación con su madre, el duelo amoroso y, especialmente, la exploración de su identidad de género. “Me sentía atrapada en este tipo de feminidad directa”, explicó en la entrevista con la BBC. Su viaje comenzó en una sesión de fotos: “Me di cuenta de que no puedo tener solo ropa de mujer. Algunos días me siento apretada, atrapada”.
También modificó su relación con el maquillaje. “Les digo a los maquillistas que lo traten como un producto de cuidado personal masculino: no lo exageren. Porque si lo hacen, me pasa lo mismo: me quedo rígida, no puedo expresarme”.

Durante la Met Gala de este año, su atuendo incluyó un fajín tradicionalmente masculino, una declaración estética que reflejaba dónde se encuentra en su exploración identitaria. Aunque aún no ha definido su identidad de género, sí ha dejado claro que está en proceso y abierta a lo que venga: “Me siento mucho más expansiva, mucho más grande, y mi definición de lo que es bello ha cambiado por completo”.