Este 31 de diciembre, mientras el año se despide, el W Mexico City propone un giro inesperado: olvidar el invierno y recibir el 2026 sumergidos en la atmósfera eterna de un verano de ensueño. En las alturas del Moonbass Lounge, la tradición de fin de año se transforma en una experiencia sensorial inspirada en «Sueño de una noche de verano», donde la magia, la ligereza y un toque de sensualidad prometen confundir los límites entre la fantasía y la realidad.

Un Escenario que es una Promesa
La terraza se convertirá en la puesta en escena de esta narrativa cálida. No se trata unicamente de una fiesta con DJ y barra libre; es la expresión de ensueño en pleno corazón de la ciudad. La música en vivo, el diseño audaz característico de W y la brisa de la altura trabajarán en conjunto para crear esa sensación de noche eterna y veraniega donde todo parece posible, especialmente la promesa de nuevos comienzos.


Un Menú que Cuenta su Propia Historia
La experiencia se sostiene en una propuesta gourmet diseñada para acompañar los brindis y las conversaciones que dan la bienvenida al futuro inmediato. Cada canapé será un capítulo de sabor en esta velada:


Desde la frescura inicial de unas Ostras Mignonete o un Ceviche de vieiras, hasta la profundidad reconfortante de un Risotto de jabugo y morillas. El recorrido ofrece contrastes: la Tártara de res crujiente juega con texturas, mientras la esfera de camarón asado y elote dulce reinterpreta lo clásico con un giro único. El cierre será una declaración de principios: el Terrón negro de chocolate y sal de gusano y el Hojaldre de higo son ese final dulce y memorable que pide un último brindis.
La Magia Reside en los Detalles
Lo que define la noche será, como siempre, aquello que parece secundario pero no lo es: la calidad de los ingredientes, la curva musical que envuelve sin abrumar, y esa energía colectiva para celebrar el ciclo que termina con la esperanza intacta de lo que viene. Es la apuesta por crear una memoria sensorial completa —donde el sabor del champagne, la risa compartida y el paisaje iluminado de la ciudad se funden en un solo recuerdo.


Esta velada en las alturas no es simplemente un plan para Nochevieja; es una invitación a ritualizar el paso del tiempo con belleza y placer. Un espacio donde el festejo se eleva literal y metafóricamente, ofreciendo la oportunidad única de dar la bienvenida al año nuevo no con ruido, sino con una sofisticación alegre y cálida, propia de un verano que, por una noche, decide llegar en diciembre.