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Pintxos, tapas y buen rollo: el nuevo spot en la Roma que enciende la chispa entre la tradición española y el sabor mexicano

por: Alexis Finkler

Hay lugares que parecen diseñados para quedarse en la memoria. En medio de las calles arboladas de la Colonia Roma, Casa Flama abre sus puertas como un refugio para quienes encuentran en la mesa un pretexto para reunirse, reír, brindar y prolongar la noche. Un espacio donde la tradición española se reinterpreta con la calidez y la pasión de México, bajo la mirada creativa del chef Diego Nosti.

El fuego es su inspiración y su promesa. Porque aquí, el fuego no solo cocina: une, transforma y da sentido. Cada platillo que llega a la mesa habla de producto, origen y respeto, pero también de imaginación y audacia. En Casa Flama, la cocina española encuentra un territorio fértil para reinventarse sin perder su esencia. El resultado: pintxos y tapas que celebran la calidad de cada ingrediente y despiertan la curiosidad de probar, compartir y volver a empezar.

La Tortilla de Patata Trufada es la joya de la corona. Un clásico que, en manos de Nosti, se vuelve inolvidable gracias a su textura perfecta y a un delicado aroma a trufa que seduce desde el primer bocado. A su lado, conviven la explosiva Bomba de la Barceloneta, los Huevos Rotos con un giro casero y el Pescado Donosti, preparado con técnica y sencillez para dejar brillar el sabor. Cada plato encuentra su pareja ideal en una selección de vinos que recorre etiquetas españolas y mexicanas, pensadas para maridar tanto las risas como los silencios.

Casa Flama no se limita a alimentar el apetito: alimenta las conversaciones largas, los reencuentros inesperados y esa sensación de sentirse bienvenido, como en casa. Las sobremesas aquí no tienen reloj. Las copas se rellenan sin prisa. El murmullo de fondo es el mejor testigo de amistades que se fortalecen y anécdotas que se tejen entre platos vacíos y botellas abiertas.

El espacio, una casa porfiriana restaurada con detalles modernos, equilibra historia y frescura. Sus muros guardan ecos de otras épocas, mientras la luz cálida y la decoración discreta invitan a quedarse, a dejarse llevar. Es el lugar perfecto para tardes de pintxos improvisados, cenas que se prolongan o para refugiarse de la ciudad con una copa en mano.

En Casa Flama, el fuego nunca se apaga. Porque siempre habrá algo que celebrar, alguien con quien brindar y una buena mesa que espera.

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