Científicamente no está comprobado que se puedan hacer viajes al pasado, pero el Tiny Desk de 31 Minutos se convirtió en una especie de máquina del tiempo que me transportó directamente a mi infancia.

La música tiene la peculiaridad de reconectar con emociones muy particulares y momentos específicos que nos marcaron de por vida, y la participación de “Tulio Triviño” y compañía en el popular formato de NPR confirma esta premisa.
Al final del video lloré. Fue un cúmulo de emociones encontradas; pensé que era absurdo y ridículo, pero entrar a redes sociales y leer a otras personas que también derramaron lágrimas de cocodrilo me reconfortó y me hizo sentir parte de una comunidad, de una generación que recibió un apapacho que no sabía que necesitaba.

Y es que, más allá de la evidente protesta social contra las políticas migratorias de Trump, el homenaje a “Better Call Saul” y los minuciosos detalles que vistieron este Tiny Desk, 31 Minutos nos devolvió la esperanza y la inocencia características de la infancia.
Por unos minutos, “Tulio”, “Juan Carlos Bodoque”, “Patana” y los demás integrantes del mítico programa fueron guías en este espiral de memorias y sensaciones que habían sido inhumadas por la vida adulta.

Resulta asombroso el poder que tiene 31 Minutos y su universo musical, no sólo por el alcance en YouTube —que en menos de 24 horas superó los dos millones de reproducciones—, sino también por las reacciones de quienes crecimos con el emblemático programa chileno de títeres.
Qué mal estaba cuando de niño repetía una y otra vez: “Ya quiero ser un adulto”. Hoy quisiera tener 10 o 12 años, llegar de la escuela y ver 31 Minutos mientras disfruto la sopa de letras que cocinó mi abuela.
El Maguito Explosivo el mejor cierre para 31 Minutos en el Tiny Desk 🎩💥 pic.twitter.com/AtYeelOt4z
— Inna-𝙕! 💙𓊍 (@zmsickmarvel) October 6, 2025
Al menos, este Tiny Desk me llevó a ese momento. Y sé que cada vez que lo vea será como abordar una máquina del tiempo para sentirme niño de nuevo.
¡Gracias, 31 Minutos!
