Durante la Semana de la Moda de París, donde cada gesto puede convertirse en titular, Rosalía ha vuelto a ser la protagonista inesperada. La cantante catalana apareció en el front row del desfile de la diseñadora belga Julie Kegels con un estilismo cargado de dramatismo: un conjunto en blanco y negro con top halter y falda asimétrica, medias con liguero y zapatos de inspiración bailarina. Sin embargo, no fue el vestuario lo que desató la conversación, sino un detalle mucho más pequeño y, a la vez, explosivo: sus axilas teñidas de blanco.

Lejos de ser un accidente estilístico, el gesto parece encajar en la narrativa estética de Rosalía, quien en el pasado ya apostó por cejas decoloradas y beauty looks que desafiaban lo convencional. La “Motomami” parece sugerir que el cuerpo, en todas sus partes, puede convertirse en lienzo artístico y en declaración política. No se trata solo de moda, sino de un cuestionamiento a los estándares de belleza que históricamente han impuesto la depilación femenina como norma obligatoria.

Las redes sociales, por supuesto, no tardaron en reaccionar, desde comentarios que aplauden su valentía e innovación, hasta los que la critican por querer llamar la atención a falta de “buena música”.

La cantante, que atraviesa una etapa de transición artística con un nuevo disco en el horizonte, parece utilizar su imagen para marcar el ritmo de la conversación cultural. Y no es la primera vez, de la manicura XXL convertida en símbolo, al uso del blanco como color fetiche en la Gala MET y la Semana de la Moda de Nueva York, Rosalía sabe que cada elección estética puede transformarse en fenómeno global.

¿Estamos frente a una tendencia emergente o a un acto de rebeldía personal? La respuesta aún es incierta, pero lo que sí es seguro es que Rosalía ha vuelto a abrir el debate.
