Serena Williams, una de las atletas más grandes de todos los tiempos, es el rostro de Ro, una farmacéutica que comercializa medicamentos para la pérdida de peso a base de análogos de la GLP-1, similares a los populares Ozempic y Wegovy.
La campaña publicitaria, lanzada en Times Square, el metro de Nueva York, el US Open y redes sociales como TikTok e Instagram, busca contar una historia de disciplina y superación. El mensaje: incluso alguien tan fuerte y disciplinada como Serena necesitó ayuda para recuperar su figura tras la maternidad.

La conclusión implícita es que con esfuerzo —y un piquete— cualquiera puede lograrlo. Pero el relato aspiracional esconde tensiones profundas sobre salud, ética y presión estética.

El peso de un cuerpo que siempre fue cuestionado
Desde sus inicios, Serena ha tenido que enfrentarse no solo a rivales en la cancha, sino también a un escrutinio constante sobre su físico. Ni delgada bajo los cánones clásicos, ni obesa, su cuerpo musculoso y potente ha desafiado los estereotipos del tenis y de la feminidad.

Como mujer negra, además, la presión fue doble, ya que lo que a una atleta blanca se le tolera, en ella se convertía en crítica y juicio. Ahora, al confesar que tras ser madre no pudo volver a su peso anterior sin medicación, la tenista revela el lado más cruel de esa presión social. Incluso, la deportista más preparada, saludable y disciplinada no es inmune a los mandatos de delgadez.

El anuncio de Ro presenta el fármaco casi como si fuera un producto de belleza. El tono ligero y aspiracional no refleja que se trata de una medicación con efectos secundarios, que requiere control médico y que aún no cuenta con estudios de largo plazo en personas sin diabetes tipo II, la condición para la cual fue originalmente desarrollada.

La decisión de Serena no está exenta de conflictos de interés, porque su marido es accionista de la compañía. Ella misma ha declarado que no ve problema en comercializar el producto, pese a que el acceso está lejos de ser universal.

Con un precio elevado, la delgadez farmacológica se convierte en un lujo de élite, un nuevo marcador de estatus en sociedades donde la apariencia corporal vuelve a ser símbolo de poder y pertenencia.

El espejismo de la meritocracia corporal
La narrativa publicitaria de Ro intenta reforzar la idea de que todo es alcanzable con disciplina y voluntad. Pero la paradoja es evidente, si Serena, con su dieta estricta, entrenamiento diario y resiliencia probada, no logró encajar en el canon estético sin recurrir a fármacos, ¿qué se le puede exigir al resto de la población?

En lugar de mostrar diversidad corporal, la campaña refuerza la idea de que la delgadez es un proyecto vital obligatorio, un ideal que se alcanza no con salud ni con aceptación, sino con dinero y medicamentos.

El riesgo de estas campañas no se limita al consumidor adulto. La asociación entre deportistas de élite y productos vinculados a la salud no es nueva. El problema es que ahora no se trata de suplementos inofensivos, sino de medicamentos inyectables con riesgos clínicos.

Transmitir a jóvenes y adolescentes que la delgadez es sinónimo de éxito y que se puede obtener con una solución rápida y costosa refuerza inseguridades y normaliza la idea de que el cuerpo debe ser modificado para ser aceptado.