En CDMX, un trayecto común puede convertirse en plan si alguien lo detona en el momento justo. Eso fue lo que vimos en la activación de Sprite, que combinó regalo de refrescos en tres estaciones del Metro con un recorrido en turibús que salió del Ángel de la Independencia y terminó en Parque Aztlán, donde La Cachirula convivió con sus fans entre fotos, autógrafos y música.






La primera parte de la activación sucedió donde se siente el pulso real de la ciudad: el Metro. En Chabacano, Universidad y Pantitlán, el equipo de Sprite estuvo repartiendo refrescos a quienes iban de paso. Fue un gesto simple, directo y muy alineado con esa lógica de experiencias rápidas que conectan con la gente: algo inesperado, fácil de entender y perfecto para compartir.

El punto de encuentro: Ángel de la Independencia y turibús en modo fiesta
La segunda parte del plan fue más de experiencia completa. El arranque fue en un lugar icónico: el Ángel de la Independencia, donde se armó el punto de reunión para subir al turibús. Desde ahí, el trayecto marcó el tono: música de reggaetón sonando durante el recorrido, gente en mood feliz, plática entre fans y la sensación de que, por unas horas, el tráfico y la rutina quedaban en pausa.







Y sí: Sprite presente todo el tiempo, como parte del “momento” que la marca quiso construir. No se trató solo de una foto con logo; fue más bien un hilo conductor de la experiencia, de esos que hacen que un recorrido se sienta como plan y no como traslado.











Llegada a Parque Aztlán: convivencia real con el fandom
El destino fue Parque Aztlán, y ahí el ambiente cambió de “vamos en camino” a “ya estamos en el punto”. La parte más esperada fue la convivencia con La Cachirula, que se tomó el tiempo para estar con su gente: fotos, autógrafos y ese tipo de cercanía que el fandom valora porque se siente genuina. Durante el encuentro, cantó algunas canciones para su público, creando un momento más íntimo dentro de un espacio que normalmente es puro movimiento. Esa mezcla —parque, fans, música y convivencia— hizo que el evento se sintiera más como una tarde compartida que como una “presentación” tradicional.










Juegos, Rueda de la Fortuna y el cierre perfecto
El plan siguió como suelen seguir los planes buenos: sin prisa y con antojo de quedarte un rato más. La gente se fue a disfrutar el parque, y varias personas se subieron a atracciones como la Rueda de la Fortuna, cerrando la experiencia con ese toque de “día de parque” que se queda en la memoria. Al final, lo que Sprite logró fue algo bastante claro: llevar la marca a donde realmente está la conversación —la calle, el transporte, los puntos de encuentro— y construir una experiencia ligera. Un plan diseñado para vivirse en tiempo real, con fandom, ciudad y refresco frío como protagonistas.
