Un libro ocupó un lugar inesperado entre las invitaciones, cámaras y celebridades que llegaron al desfile de Valentino en París. Para presentar su colección Primavera-Verano 2027, Alessandro Michele pidió a los asistentes llevar un ejemplar de su elección y entregarlo al ingresar al recinto.
La petición formó parte de “Antibiblioteca”, la propuesta con la que el director creativo de Valentino llevó la conversación entre moda y literatura a la Biblioteca Sainte-Geneviève. Los ejemplares reunidos durante el desfile tendrían después un nuevo destino, como parte de una iniciativa para acercar esas historias a otros lectores.
La invitación de Valentino comenzó la historia antes del desfile
La indicación apareció desde la propia invitación. Valentino pidió a sus invitados llegar con un libro, ya fuera uno nuevo o un ejemplar de su biblioteca personal, con la intención de que después pudiera continuar su recorrido en otras manos.
La propuesta convirtió la llegada al desfile en una especie de intercambio cultural. Los asistentes depositaron los libros en una urna transparente instalada en la Biblioteca Sainte-Geneviève, donde posteriormente serían destinados a bibliotecas públicas de París y a iniciativas relacionadas con la educación.
La idea también fue adoptada por algunos de los invitados más conocidos de la presentación. Cynthia Erivo, Colman Domingo, Zoey Deutch y Law Roach llegaron con ejemplares para sumarse a la dinámica.
El catálogo que acompañó la invitación ampliaba la relación entre la colección y los libros. La selección incluía títulos de géneros y épocas diferentes, entre ellos Orgullo y prejuicio, Emma, La Ragazzina y El arte de la comida francesa.
Alessandro Michele convierte una biblioteca en escenario de Valentino
La elección de la Biblioteca Sainte-Geneviève no fue un detalle separado de la colección. El desfile tomó como punto de partida el concepto de “antibiblioteca”, asociado al ensayista y académico Nassim Nicholas Taleb, para referirse a aquellos libros que todavía no hemos leído y al conocimiento que permanece fuera de nuestra experiencia.
Desde esa idea, Michele construyó una colección que explora la relación entre lo conocido y aquello que todavía está por descubrir. La ropa apareció acompañada de una combinación de texturas, estampados, colores y proporciones, en una propuesta que llevó el maximalismo a uno de los espacios históricos de la capital francesa.
La biblioteca aportó además un escenario en el que la moda quedó vinculada físicamente con los libros. Los asistentes no solo observaron la colección en un espacio dedicado al conocimiento, sino que participaron en una acción que prolongó el concepto más allá de la pasarela.
Los libros tendrán una segunda vida
La iniciativa planteada por Valentino no terminó cuando concluyó el desfile. Los ejemplares entregados por los invitados fueron reunidos para ser destinados a nuevos lectores.
Ese recorrido le dio otro significado a la petición de llevar un libro. Cada ejemplar dejó de pertenecer únicamente a quien lo llevó para convertirse en parte de una colección destinada a circular nuevamente.
La Biblioteca Sainte-Geneviève, frente al Panteón de París, reforzó esa dimensión cultural. El edificio actual fue diseñado por el arquitecto Henri Labrouste y construido entre 1843 y 1850. Su arquitectura, marcada por referencias clásicas y soluciones propias del siglo XIX, se convirtió en el marco para una colección que buscó relacionar ropa, literatura y nuevas posibilidades.
Con “Antibiblioteca”, Alessandro Michele llevó a Valentino más allá de la presentación de una colección. El gesto de pedir un libro convirtió a los invitados en participantes de la propuesta y puso en circulación una idea sencilla: aquello que ya fue leído todavía puede abrir otra historia cuando llega a manos de alguien más.