Saraís cumplió 10 años y lo celebró como mejor sabe hacerlo: reuniendo a personas alrededor de la comida, la creatividad y esos pequeños rituales que hacen especial cualquier momento del día.


La marca, que nació como la primera propuesta de cremas de almendra en México, ha evolucionado hasta convertirse en un referente de untables con superfoods, ingredientes funcionales y sabores que se salen de lo esperado. Su historia no sólo habla de producto, sino de comunidad: de quienes disfrutan probar algo nuevo, jugar con las combinaciones y encontrar inspiración en lo cotidiano.

Mercado Saraís: una celebración con alma de ciudad
Para festejar este aniversario, Saraís presentó Mercado Saraís en Casa Rosa, Polanco, una experiencia inspirada en una de las tradiciones más vivas y entrañables de México: los mercados, los puestos callejeros y esa forma tan nuestra de comer, compartir y descubrir sabores en cada esquina.


La propuesta fue tan sencilla como deliciosa: llevar el universo de Saraís a antojitos y clásicos de la calle. Durante la mañana, distintos vendedores reinterpretaron cocos, fruta preparada, pan, esquites, elotes y otros favoritos mexicanos con algunos de los productos más representativos de la marca. El resultado fue una mezcla entre nostalgia y sorpresa, donde cada preparación recordaba algo familiar, pero con un giro distinto.


La creatividad también se sirve en la mesa
Más allá de ser una celebración de aniversario, Mercado Saraís funcionó como un homenaje a quienes emprenden desde una receta, una idea o una forma distinta de hacer las cosas. Personas que construyen comunidad desde lo que preparan, venden y comparten todos los días.

Ese espíritu conecta directamente con la historia de Saraís: una marca que comenzó con una propuesta muy puntual y que, con el tiempo, encontró nuevas maneras de acercarse a quienes buscan comer rico, probar diferente y sumar ingredientes con intención a su rutina.

Diez años de comunidad
Con Mercado Saraís, la marca celebró su camino sin perder de vista lo que la ha definido desde el inicio: la curiosidad por crear, el gusto por compartir y la capacidad de transformar lo cotidiano en algo memorable.


Diez años después, Saraís demuestra que una buena idea puede crecer sin perder su esencia, especialmente cuando nace desde el sabor y se construye alrededor de una comunidad que también quiere experimentar, disfrutar y sentarse a la mesa con algo nuevo por descubrir.