La Narvarte tiene algo que no se puede fabricar: vida de barrio. Sus calles guardan historias de familias, estudiantes, cantinas, restaurantes que ya no existen, noches largas, comida compartida y personajes que hicieron de esta colonia una de las más queridas de la Ciudad de México. Bajo esa mirada nace Mi gusto es andar en la Narvarte, una guía editorial presentada por el grupo restaurantero «Mi Gusto Es» como un homenaje al lugar donde comenzó su historia hace 23 años.

Más que una publicación gastronómica, esta guía funciona como un recorrido afectivo por la colonia. Sus páginas mezclan crónica, memoria, archivo y cultura popular para contar cómo la Narvarte se convirtió en un punto de encuentro atravesado por la comida, la literatura, el béisbol, la migración y la vida nocturna.

Un barrio contado desde sus calles
La guía está dividida en capítulos que permiten mirar la colonia desde distintos ángulos: sus hitos urbanos, los restaurantes que marcaron época, las cantinas, bares y espacios de espectáculos, así como las historias que siguen vivas entre sus esquinas.

Entre los temas aparecen el antiguo Parque Delta y el auge del béisbol en la ciudad; la Glorieta de Etiopía como símbolo de transformación urbana; la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, conocida por su arquitectura y sus murales; además de personajes ligados a la llamada Literatura de La Onda, como José Agustín y Gustavo Sáinz, quienes también forman parte del imaginario cultural de la zona.

Los lugares que hicieron historia
Uno de los mayores aciertos de Mi gusto es andar en la Narvarte es que no se queda únicamente en lo que todavía existe. También mira hacia esos espacios desaparecidos que, aunque ya no tengan cortina abierta, siguen presentes en la memoria de quienes crecieron o vivieron la colonia. Nombres como Tortas Jorge, La Reforma, El Prado Floresta o La Casa del Filete aparecen como parte de esa geografía emocional que sólo entienden quienes saben que un restaurante puede ser mucho más que una mesa: puede ser una etapa, una tradición familiar o una coordenada íntima dentro de la ciudad.

Al mismo tiempo, la publicación retrata espacios que continúan dando identidad al barrio, como La Valenciana, La Maraka, Manada o Tintico, lugares que mantienen viva esa mezcla de comida, convivencia y movimiento que define a la Narvarte.

El origen de Mi Gusto Es
Para Mi Gusto Es, esta guía también es una forma de volver al inicio. La primera sucursal del grupo abrió en la Narvarte hace más de dos décadas y desde ahí se construyó un proyecto que hoy suma 12 sucursales, una pastelería y otros restaurantes. Sin embargo, el punto de partida sigue estando en esas calles donde la marca encontró comunidad, clientes, historias y una identidad propia. La guía no busca vender la colonia como destino de moda ni convertirla en postal. Su valor está en algo más honesto: reconocer que los barrios también se cuentan desde sus pérdidas, sus excesos, sus personajes, sus cambios y sus mesas compartidas.

En una ciudad que se transforma todos los días, Mi gusto es andar en la Narvarte llega como una pausa para mirar hacia atrás sin nostalgia fácil. Es una invitación a caminar, recordar y entender que hay lugares cuya historia no está escrita en monumentos, sino en la forma en que la gente los habita. Porque la Narvarte no sólo se recorre: se platica, se come, se baila, se recuerda y, sobre todo, se comparte.