El mejor viaje no siempre exige tomar un avión. A unas horas de la Ciudad de México, Querétaro cambia el ritmo entre viñedos, mesas con historia y talleres donde las manos siguen siendo la herramienta principal.

San Juan del Río, una nueva puerta de entrada
La cercanía explica parte de su atractivo, pero no todo. San Juan del Río conserva casi cinco siglos de historia, además de haciendas, templos y la tradición del ópalo que hoy atraen a una nueva generación.

El Emerging Destinations LATAM Report de Airbnb señala que las reservaciones crecieron 26% entre 2024 y 2025. Además, 96% de sus visitantes son nacionales y 82% pertenece a las generaciones millennial y Z. Las cifras confirman el interés por las escapadas cercanas y los destinos alejados del turismo masivo.


Una casa, una mesa y dos cocinas
Casa Montespejo fue el punto de partida. La bienvenida llegó con un desayuno preparado por un chef que dejó Yucatán años atrás y encontró en Querétaro un nuevo lugar para cocinar. El menú reunió productos queretanos y sabores yucatecos de manera natural.

Una muñeca Lele acompañó la mesa y anticipó el recorrido. Originaria de las comunidades otomíes de Amealco, esta figura de listones y colores abrió la puerta a la memoria artesanal del estado.

Entre vino, barro y puntadas
La ruta continuó en Cava 57, donde el paisaje invita a bajar el ritmo. Ahí envasamos nuestro propio vino y degustamos un blanco espumoso, un rosado y un tinto con notas frutales. La experiencia permitió acercarnos al vino desde su proceso y su territorio.


Después llegó Amealco. En un taller de costura elaboramos nuestra propia muñeca Lele y descubrimos la paciencia detrás de una pieza que solemos ver terminada. También trabajamos con barro para crear una figura desde cero. La idea no era lograr algo perfecto, sino dejar espacio a la imaginación.

Viajar también es hacer una pausa
Tras un día de actividades, un masaje y una cena cerraron la jornada. A la mañana siguiente, un taller de linóleo puso el último gesto creativo: diseñamos, tallamos y estampamos una imagen sobre una bolsa para llevarnos una pieza hecha por nosotros mismos.


Esta combinación de descanso, gastronomía y saberes locales explica por qué Querétaro funciona tan bien para una escapada corta. De acuerdo con Airbnb, 14% de los huéspedes regresa a San Juan del Río. Quizá sea porque todavía permite viajar sin sentir que todo fue preparado para la fotografía.

Al final, el recuerdo no fue solamente el vino, la figura de barro o la bolsa estampada, sino haber conocido el estado escuchando historias, compartiendo la mesa y participando en procesos que suelen ocurrir lejos de la mirada del visitante. Querétaro no necesita recorrerse de prisa; se entiende mejor cuando uno se detiene.
