Hay encuentros breves que dejan preguntas para siempre. Esa es la fuerza de Nada entre los dos, disponible en HBO Max. La película de Juan Taratuto mezcla romance y sátira corporativa para observar qué sucede cuando dos personas agotadas vuelven a sentirse escuchadas.

Un temblor fuera y otro adentro
Guillermo (Gael García Bernal) es un ejecutivo mexicano de 45 años atrapado entre un matrimonio predecible y la influencia de un suegro que decide demasiado por él. Mercedes “Mechi” (Natalia Oreiro), argentina de 43, tampoco reconoce su vida: el empleo no la representa, su marido encadena proyectos fallidos y la relación con su hija es difícil.

Una intoxicación masiva pone en jaque a la compañía para la que ambos trabajan y los lleva a una reunión regional en un resort. Tras creer que ha ocurrido un temblor, Mechi sale de madrugada y encuentra a Guillermo en la playa. Copas, humor y una conversación sin poses convierten la coincidencia en refugio. Mientras los directivos ensayan soluciones delirantes, ellos recuperan algo que creían perdido: el deseo.

Romance sin tribunal
Taratuto, responsable de No sos vos, soy yo y Un novio para mi mujer, vuelve a mirar las relaciones desde la contradicción. Aquí no hay villanos perfectos ni respuestas cómodas. Más que una promesa de “felices para siempre”, el romance es un espejo: Guillermo y Mechi se descubren a través del otro y deben decidir qué harán al volver a casa.

La crisis empresarial aporta un contrapunto ácido. Frente a los discursos vacíos y la urgencia por proteger una marca, la intimidad de la pareja luce espontánea. La cinta habla de quienes cumplieron con el guion esperado y un día sospechan que dejaron de escucharse.

Una dupla que se siente cercana
La química entre García Bernal y Oreiro sostiene los cambios de tono. Él combina contención, desconcierto y humor; ella construye una Mechi vital, herida y frontal. El reparto incluye a Peto Menahem, Pía Watson y Guillermina Fabbiani. Gael también participa como productor ejecutivo.
Nada entre los dos no dicta sentencia sobre sus personajes. Su pregunta es más íntima: ¿qué hacemos cuando alguien nos recuerda quiénes éramos antes de acostumbrarnos a todo? Esa mirada adulta y sin moraleja hace de la película una gran opción para quienes prefieren romances con zonas grises.